28 de abril de 2009

Fallece don Pedro Recio, OD

“Cuando muera un operario, la Hermandad comunicará a todas las casas su fallecimiento y se celebrarán en su sufragio las exequias correspondientes y treinta misas gregorianas, y todos los operarios ofrecerán por él el santo sacrificio de la misa” (Estatutos de la Hermandad [2008], núm. 60).

D. Pedro Recio Mulas

18 diciembre 1930 – 26 abril 2009

D. Pedro Recio Mulas nació en Villares de la Reina (Salamanca) el 18 de diciembre de 1930. Ingresó en el Aspirantado de Salamanca en 1942, para hacer 1.º de latín. En el Aspirantado cursó los cinco cursos de humanidades (1942-1947) y los tres de filosofía (1947-1950); en el Seminario de Salamanca curso los cuatro de teología (1950-1954). Realizó la consagración a la Hermandad el 16 de julio de 1954 ante D. Estanislao Calvo en el Aspirantado de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 11 de julio de 1954 por Mons. José María García Lahiguera, incardinándose en la diócesis de Salamanca. Ejerció su ministerio sacerdotal en el Seminario menor de Segovia como prefecto de 1954 a 1958; en el Seminario menor de Salamanca (Linares de Riofrío) como director espiritual (1958-1961); en el Seminario Menor de Toledo en Talavera de la Reina como director espiritual (1961-1965); en el Templo de Santa Catalina de Murcia como capellán (1965-1966); en el Seminario menor de Toledo como director espiritual y prefecto (1966-1975); en el Colegio Pío XII de Valencia como tutor y profesor (1975-1979); en el Pontificio Colegio Español de San José de Roma como administrador y vicerrector de 1979 a 1982, continuando después como administrador hasta 2003. Desde entonces se retiró a la residencia “Maestro Avila” de Salamanca, cerca de su familia. El día 7 de abril se trasladó al Hogar “Mosén Sol” de Majadahonda, tras estar 15 días hospitalizado en el Hospital Virgen de la Vega de Salamanca. A los pocos días, el 20 de abril, fue ingresado en el Hospital Puerta de Hierro debido a una fuerte deshidratación e infección de orina.

Falleció en la paz del Señor el día 26 de abril de 2009 a la 1h 30 en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda a consecuencia de una parada cardio-respiratoria producida por el agravamiento de su situación que le provocó encharcamiento de los pulmones y dificultades respiratorias.

El funeral tuvo lugar en la parroquia Beato Manuel domingo y Sol el día 27 de abril a las 12h. A continuación fue enterrado en el panteón de la Hermandad del Cementerio municipal de Majadahonda.

Descanse en paz.

26 de abril de 2009

Tiempo de Fantasmas - 3º de Pascua

“Mientras hablaban los discípulos, se presentó Jesús en medio y les dijo: Paz a vosotros. Llenos de miedo por la sorpresa creían ver un fantasma”. (Lc, 24)

Cada cultura fabrica y mantiene sus propios fantasmas. Los nuestros enturbian los arroyos, hieren los ganados, dañan las cosechas. Llenan de ruidos la oscuridad y asustan a los niños. El epicentro de los fantasmas, en tiempos de Jesús, estaría en el Lago de Genesaret, sobre todo en las noches de borrasca.

Con el correr del tiempo, muchos fantasmas se refugiaron en nuestro interior y allí agazapados fabrican miedos, bloquean proyectos, atormentan nuestros sueños, nos amargan la vida. Sigmund Freud los persiguió hasta su guarida, pero no logró eliminarlos a todos.

Cuenta san Lucas que, estando reunidos los discípulos en el cenáculo, Jesús se presentó deseándoles la paz. Pero ellos no le reconocieron. Aterrados, creían ver un fantasma. Tuvo el Señor que desmontar aquel pavor, aquella falsa percepción. En fin, sanar aquella fe desconcertada y vacilante. Alguien querrá culpar a estos discípulos. Pero hemos de entender que hoy Jesucristo también asusta a muchos.

Hacia el siglo IV, las comunidades cristianas comenzaron tímidamente a venerar representaciones del Señor. Del pueblo judío habían heredado la prohibición de fabricar toda clase de imágenes. Entonces el arte bizantino tuvo la palabra y aparecieron aquellos Cristos, de angulosas facciones y grandes ojos. Los cuales, como dicen un autor, más que ser mirados, nos miran de forma escrutadora. En ellos se traducía mejor la efigie de Constantino, que el rostro de Jesús de Nazaret.

Valdría entonces preguntarnos: ¿Los cristianos de hoy qué versión de Dios ofrecemos? ¿Cómo traducimos nuestra fe al entorno que nos rodea? De Bill Clinton alguien señaló que, en su momento, se creyó el policía del mundo. Sospechamos que ciertos grupos religiosos han retomado este encargo, mientras Jesús quiso otra cosa. Deseó que los cristianos fuéramos sal de la tierra, luz del mundo, levadura en la masa.

Una encuesta en nuestras calles sobre la Iglesia revelaría que muchas gentes sólo la identifican como un aparato administrativo, jurídico o si queremos litúrgico. Pero no logran descubrir corazón de Dios que quiere palpitar en cada discípulo de Cristo, en cada comunidad creyente. Es tarea de los cristianos exhibir la presencia de Jesús, traduciéndola en signos de sencillez, de acogida y de misericordia. De lo contrario habría que borrar innumerables páginas del Evangelio.

Aquel encuentro del Señor en el cenáculo, narrado por san Lucas, fue quizás la aparición oficial a los apóstoles, para invitarlos a creer en Él, más allá de los miedos, de las falsas imágenes. En nuestro mundo, cuando se toca el tema religioso, frecuentemente se alborotan los fantasmas. Algunos sienten vulnerados sus derechos. Otros la emprenden contra las caricaturas de religión que se han fabricado. Nunca identificaron a Jesús entre las fotocopias desteñidas que muchos bautizados les mostramos.

“El Principito estaba delante mí, - nos cuenta Saint Exupery - y de inmediato me rogó: Dibújame un cordero. Lo hice de inmediato. Pero el niño me dijo: Así no. Es un carnero. ¿No ves que tiene cuernos? Por lo cual resolví más bien pintar una caja y le expliqué: Allí dentro encontrarás tu cordero. El rostro de mi pequeño interlocutor se iluminó”. Muchos apenas alcanzamos a ofrecer una caja, pero dentro alienta Jesucristo.

Gustavo Vélez, mxy - Betania.es

21 de abril de 2009

Tomás y los otros - II de Pascua

“Los otros discípulos decían a Tomás: Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto la mano en su costado, no creeré”. San Juan, Cáp. 20.

Quiso el Señor que fueran Doce. Su número correspondía a los hijos de Jacob, cuyos descendientes dieron origen al pueblo escogido. Ahora Jesús fundaba una nueva nación. Su llamamiento lo cuentan los evangelistas, consignando los nombres en idéntico orden y aun los apodos. Once de ellos venían de Galilea, la provincia del norte. Solamente Judas, el que vendió al Maestro, era originario del sur. De Kerioth, una ciudad mencionada de paso en el libro de Samuel.

Luego de la crucifixión del Maestro, el grupo regresó al cenáculo para compartir sentimientos y expectativas. Menos Tomás, quien no estuvo con ellos. Y cuando sus colegas le dijeron: “Hemos visto al Señor”, les respondió: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto la mano en su costado, no creeré”. Con razón muchos comentaristas, aparte de indicar que a Tomás lo llamaban “El Mellizo”, lo señalan como incrédulo. ¿Pero los otros diez creyeron de inmediato? No lo sabemos. Tendrían que sopesar los emotivos comentarios de unas mujeres que fueron al sepulcro. Evaluarían el testimonio de Pedro, que había negado al Señor, aunque tal vez no lo expresaron para no herir. Tratarían de vencer el desencanto que les llenaba el alma, juntando los anuncios hechos por el Maestro en repetidas ocasiones, con los signos que ahora iban descubriendo. Y al fin creyeron.

Sólo que el proceso de Tomás fue más lento, pero en cierto modo más humano. Más parecido al nuestro. Resiste las presiones del grupo y se blinda en su trinchera: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos…no creeré”. Los cristianos de hoy podemos alinearnos con Tomás, o en el grupo de los otros apóstoles, según la rapidez de nuestra maduración cristiana. Pero el Señor ofrece a todos un encuentro constructivo y gozoso, aunque muchos seamos peritos en las artes del esguince. Sin embargo, Él siempre ganará la partida. Así sea en la penumbra de la hora final.

El relato evangélico presenta los hechos de forma detallada: A los ocho días, Tomás sí estaba con ellos. Volvió al cenáculo con su problema a cuestas. Quizás quería creer, pero no le halagaba una fe masiva. De pronto, Jesús se hace presente y su mirada busca los ojos de Tomás, mientras desafía sus argumentos del Mellizo: “Trae tu dedo, acá tienes mis manos…trae acá tu mano”.

San Juan conserva el reproche de Jesús: “Porque me has visto has creído”. La fortaleza del incrédulo se vino a tierra. No cuenta el evangelio si se acercó, o no, para tocar el cuerpo del Resucitado. Nos gustaría haber copiado para la posteridad la expresión del apóstol. Y añade el evangelista una alabanza para nosotros: “Dichosos los que crean sin haber visto”.

Todo terminó con las palabras conmovidas del apóstol: “Señor mío y Dios mío”. Una jaculatoria que los creyentes hemos repetido millones de veces. Una frase que cada quien podrá traducir a su modo, cuando advierta que se ha encontrado cara a cara con Jesucristo, en las buenas o en las malas.

Gustavo Vélez, mxy

16 de abril de 2009

Braulio Rodríguez, Arzobispo de Toledo

MONS. BRAULIO RODRÍGUEZ, ARZOBISPO DE TOLEDO Y PRIMADO DE ESPAÑA

El Papa Benedicto XVI ha nombrado hoy a monseñor Braulio Rodríguez Plaza nuevo arzobispo de Toledo, sede primada de España, según ha informado la Conferencia Episcopal Española (CEE). Rodríguez Plaza, hasta hoy arzobispo de Valladolid, sustituye al cardenal Antonio Cañizares, que se traslada definitivamente a Roma para ocuparse de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Santos.
Braulio Rodríguez Plaza es natural de Aldea del Fresno (Madrid) y tiene 65 años. Desde 1960 estuvo en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid, donde realizó estudios humanísticos, filosóficos y teológicos. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas, y tras dos años de estudio (1979-81) en L, Ecole Biblique de Jerusalén, se diplomó en Sagrada Escritura, alcanzando en 1990 el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Posee amplios conocimientos en los campos bíblico, litúrgico y de pastoral familiar.
Desde que fue ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972, sirvió a esa diócesis durante 15 años en las parroquias de Cubas de la Sagra (cura ecónomo, 1972-77), San Miguel en Carabanchel (vicario parroquial, 1977-79, iniciando la Escuela de Catequistas) y San Fulgencio (cura ecónomo, 1981-84). También fue capellán de la conocida ermita de San Isidro. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid, ayudando a numerosos jóvenes en su camino hacia el presbiterado, e inició la secretaría de la revista Estudios Bíblicos.
En esas circunstancias, fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre, y permaneció en esa diócesis hasta ser nombrado obispo de Salamanca el 12 de mayo de 1995, tomando posesión el 9 de julio y ocupando el puesto durante siete años.
Dentro de la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las comisiones episcopales de Liturgia (1987-96 y desde 2005), Doctrina de la Fe (1987-90) y Apostolado Seglar (1990-99), presidiendo la
Subcomisión de Familia y Vida (1996-99) y la Comisión de Apostolado Seglar (1999-2005). También por designación de la Conferencia Episcopal es Vice-Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca desde 1995.
El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como 13 Arzobispo Metropolitano y 39 obispo de Valladolid; tomó posesión el 13 de octubre del mismo año, y el 29 de junio de 2003 recibió en Roma el palio de manos del entonces papa Juan Pablo II.

(El Norte de Castilla / ABC)

El Arzobispo de Toledo, que realizó visita pastoral a Santa Teresa este mismo curso, se ha depedido esta mañana de los medios en el Palacio Arzobispal de Valladolid.

6 de abril de 2009

Y volvemos a Dios...

Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda.
Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
«Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.
Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre!
Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti.
Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."
Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.
El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo."
Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies.
Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado". Y comenzaron la fiesta.
Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano."
El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba.
Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!"
Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."

La parábola del Hijo Pródigo nos ha ido guiando en esta Cuaresma que ahora finalizamos. Es de recibo leerla y meditarla pasado ya el Domingo de Ramos...
Esta Cuaresma ha sido el camino recorrido por el hijo hasta volver a la casa del padre, el camino en el que él, lejos de comprender el amor que su padre le profesaba, sólo pensaba en el discurso en el que explicar al padre el arrepentimiento... Y su padre lo único que hizo fue abrazarlo, salir a su encuentro y colgársele del cuello, y celebrar la mejor de las fiestas.
Nuestro papel es unas veces el del hijo pródigo y otras el del hijo fiel que le pide cuentas al padre. Y en ambos casos el padre nos sigue queriendo. Jesús hablaba de Él como Abba, el más leve balbuceo, el sonido de un bebé para referirse a su padre, el amor más grande. Nos dejó esa sensación de ser abrazados siempre por Dios. Vino a mostrarnos el rostro de Yavhé encarnado en Él...
Los hombre y mujeres, sin embargo, pensando siempre en preparar discursos para contentar al Padre no entendieron, y el miedo los llevó a condenarlo y ejecutarlo, llevarlo a la muerte, "y una muerte de cruz".
Así que acompañando a Jesús de Nazaret 'con mil ramos de olivos', alabándole como rey; y recordando a la vez la más cruel de las condenas a través del relato de la Pasión, hemos acabado ese camino de vuelta al Padre.
El objetivo es muy simple y complicado a la vez: ser conscientes de lo gratuíto y grande del abrazo del Dios que sale a nuestro encuentro, del Dios que se entrega como el más humilde de los hombres.
Si hemos conseguido perdonar y perdonarnos, si hemos ensanchado el corazón de modo que quepa el otro, es que estamos listos para asumir también que Dios muriera por nosotros, y que resucitara, y que siga vivo en tanto y en tantos...
Volvemos a Dios con los ojos y el corazón y el abrazo amplio, para acoger el misterio del Dios de la vida...
Feliz Pascua.
(JRG)