22 de enero de 2010

Domingo 3 del Tiempo Ordinario: En la misma dirección

LUCAS 1, 1-4; 14-21

Ilustre Teófilo
IMuchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
--“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor".
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba, y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:
-- Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA
ECLESALIA, 20/01/10.- Antes de comenzar a narrar la actividad de Jesús, Lucas quiere dejar muy claro a sus lectores cuál es la pasión que impulsa al Profeta de Galilea y cuál es la meta de toda su actuación. Los cristianos han de saber en qué dirección empuja a Jesús el Espíritu de Dios, pues seguirlo es precisamente caminar en su misma dirección.
Lucas describe con todo detalle lo que hace Jesús en la sinagoga de su pueblo: se pone de pie, recibe el libro sagrado, busca él mismo un pasaje de Isaías, lee el texto, cierra el libro, lo devuelve y se sienta. Todos han de escuchar con atención las palabras escogidas por Jesús pues exponen la tarea a la que se siente enviado por Dios.
Sorprendentemente, el texto no habla de organizar una religión más perfecta o de implantar un culto más digno, sino de comunicar liberación, esperanza, luz y gracia a los más pobres y desgraciados. Esto es lo que lee. «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor ». Al terminar, les dice: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».
El Espíritu de Dios está en Jesús enviándolo a los pobres, orientando toda su vida hacia los más necesitados, oprimidos y humillados. En esta dirección hemos de trabajar sus seguidores. Ésta es la orientación que Dios, encarnado en Jesús, quiere imprimir a la historia humana. Los últimos han de ser los primeros en conocer esa vida más digna, liberada y dichosa que Dios quiere ya desde ahora para todos sus hijos e hijas.
No lo hemos de olvidar. La "opción por los pobres" no es un invento de unos teólogos del siglo veinte, ni una moda puesta en circulación después del Vaticano II. Es la opción del Espíritu de Dios que anima la vida entera de Jesús, y que sus seguidores hemos de introducir en la historia humana. Lo decía Pablo VI: es un deber de la Iglesia "ayudar a que nazca la liberación...y hacer que sea total".
No es posible vivir y anunciar a Jesucristo si no es desde la defensa de los últimos y la solidaridad con los excluidos. Si lo que hacemos y proclamamos desde la Iglesia de Jesús no es captado como algo bueno y liberador por los que más sufren, ¿qué evangelio estamos predicando?, ¿a qué Jesús estamos siguiendo?, ¿qué espiritualidad estamos promoviendo? Dicho de manera clara: ¿qué impresión tenemos en la iglesia actual?, ¿estamos caminando en la misma dirección que Jesús?

9 de enero de 2010

El Bautismo del Señor: El hijo amado y el predilecto del Padre

Lucas 3, 15-16.21-22
En aquel tiempo el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías: él tomó la palabra y dijo a todos:
-- Yo os bautizo con agua, pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
En un bautismo general Jesús también se bautizó. Y mientras oraba, se abrió el cielo, bajo el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:
--Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto
Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Si cada cultura y cada tiempo de esta cultura tiene su lenguaje peculiar, lo que llamamos argot, también tiene sus signos. Para entender ambos lenguajes es preciso estar sumergido en el ambiente. Pongo un ejemplo. Cuando hoy en día decimos que alguien ha caminado sobre la alfombra roja, estamos señalando que se trata de una persona privilegiada, invitada y con probabilidad candidata, a recibir una condecoración. Hace unos años hablar de una alfombra roja o de otro color, nos hubiera dejado indiferentes. Algo semejante ocurre con la camiseta que viste el líder de una carrera ciclista. Entiende el significado el entusiasta seguidor de tal deporte. Ahora mismo, mis queridos jóvenes lectores, no puedo acordarme del que corresponde al Tour de France y me acuerdo solamente de la maglia rosa del giro de Italia. Hay que estar metido en el ajo, para entender el lenguaje de los símbolos.
2.- El bautismo, el remojón ritual, era un signo que en aquel tiempo practicaban los judíos para aceptar solemnemente a un prosélito. Lo hacían en un lugar escogido y bien preparado. Dicen que el de Besalú, población catalana, es el mejor conservado de Europa occidental. Los famosos monjes, seguramente esenios, de Qumram, también sometían al novicio a tales ceremonias.
Hay que estar enterado de las costumbres y hay que haber permanecido por aquellas tierras, para entender el gesto. Si os digo que en general son territorios donde escasea el agua y donde la temperatura puede alcanzar los 48 grados, comprenderéis un poco lo apetecible que resultaba una tal ceremonia.
El texto de la misa de la fiesta este año, que sigue el ciclo C, es del evangelista Lucas. No da detalles, los primeros destinatarios sabían bien de qué se trataba. Sorprende, pues, que el gran Juan, el conocidísimo precursor, afirme que lo que el hace no es más que un simple proyecto de lo que se está preparando. Él lo practica con agua, elemento que abundaba en aquel paraje del Jordán, pero lo importante será lo que vendrá más tarde: una inmersión en espíritu Santo y en fuego. Sin duda sus palabras, las del Bautista, indican humildad, pero el auditorio no lo entendía. Añádase que, como si nada hubiera dicho, él continuaba remojando, es decir bautizando.
3.- Pero llegó un día, uno de tantos días, que entre la multitud se acercó anónimamente Jesús y anónimamente quiso ser sumergido. Siendo como era un signo de penitencia, lo practicaba Él, que de nada debía arrepentirse. Ante tamaña humildad, la Divinidad no pudo resistir y se manifestó en pleno. Primero el Espíritu, cual paloma que se posa en un lugar que le complace. A continuación intervino el Padre. (Hay que advertir, que si afirmamos que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se hizo hombre, es decir se encarnó, de ninguna manera decimos que la Tercera se hizo paloma, de otra manera se empalomó, ni que el Padre fue una simple y perdida psicofonía).
En este momento solemne, lo importante fue el mensaje, la declaración: aquel sencillo galileo, era el Hijo amado y predilecto del Padre. En consecuencia los que lo oyeron y lo que nosotros debemos escuchar y asimilar, es esta definición que la vuelvo a repetir: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto. Bueno será que nos planteemos si lo recordamos con frecuencia. Que Jesús, sus enseñanzas y su manera de obrar son admirables, nadie cuerdo lo duda. Pero no es suficiente si le queremos ser fieles. Es preciso hablarle, lo que llamamos oración de súplica, que si es exclusiva nos convierte en pedigüeños. También es necesario reconocerle como Dios, que no solo es acto de justicia, proclamárselo nos da también confianza, sabemos así en quien nos fiamos.
NOTAS MARGINALES. El lugar del bautismo está perfectamente acotado en el evangelio de Juan. Se trata de una Betania situada en la otra orilla del Jordán. La separaba de la que tenía el mismo nombre y donde vivía Lázaro, Marta y María, unos 30 Km. Hoy en día, la situación estratégica del sitio, ha ocasionado que por el lado israelí, es decir el occidental, esté sembrado de minas antipersona. Al mismo convento franciscano donde había palmeras, hoy nadie puede acercarse. Para consuelo de peregrinos, el ejército permite acercarse a los católicos, los latinos allí nos llaman, el último jueves de octubre. He estado y concelebrado en dos ocasiones, es una maravilla. Por el lado Este, los jordanos han adoptado una actitud diferente. El paraje es un parque natural, sometido, pues, a las correspondientes normas. Los arqueólogos descubren restos de época bizantina, y posteriores. Se levantan ahora algunas modernas iglesias de los diferentes ritos.
Debo confesar que el río, el Santo Río Jordán, se ha hecho vertedero al Mar Muerto de cloacas, en consecuencia el agua baja sucia y maloliente. Los que nos traemos como recuerdo algún envase, debemos hervirla y filtrarla.
El gobierno israelí, para consuelo de viajeros, ha montado, en un lugar próximo a la desembocadura del lago de Genesaret, el llamado Yardenit, un espacio apto para bautismos auténticos, lo he presenciado en diversas ocasiones, o para renovación simbólica del sacramento. Personalmente, me gusta mojar mientras digo seriamente: recuerda y renueva tu bautismo, que se hizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. (En este sitio sí que el agua es pura y cristalina).